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Ser ético profesionalmente o el dilema de hacer “bien” lo que se hace

Trabajadores para resena La ética profesional consiste en hacer bien lo que se hace. Esta simple definición se desprende de un análisis filosófico sobre la ética del trabajo muy accesible elaborado por el investigador Juan Manuel Silva Camarena para la Universidad Autónoma de México.

En su artículo, “¿Qué es eso de la ética profesional?”, Silva Camarena plantea que “hacer bien lo que se hace” o, lo que es lo mismo, ser éticos en el contexto profesional, depende de que entendamos que existe una diferencia fundamental entre hacer las cosas bien porque así lo requiere la pragmática (producir para ganar dinero) y hacerlas bien porque nos imponemos una exigencia o un compromiso de así hacerlas. Dicha exigencia o compromiso, según el autor, no es de los menos importantes sino de los que, al cumplirlos, conducen a la realización de la máxima aspiración humana: “Vivir bien la vida”.

Con esa diferencia en mente, es posible entender por qué la ética profesional no depende directamente de las normas y los códigos de ética profesionales. El ensayista explica que los seres humanos tenemos la libertad de tomar decisiones buenas o malas en el ámbito laboral y que dichas normas o códigos sólo orientan la dirección de nuestras actuaciones. Más allá de lo que prescriben y prohíben las reglas, razona el autor, la ética profesional es un compromiso con lo que uno hace. Para ilustrar dicha conclusión, Silva Camarena utiliza un ejemplo relacionado con la profesión científica: cree firmemente que un científico que miente en el contexto profesional no es un hombre mentiroso, sino que deja de ser un científico. En mi opinión, esto quiere decir que, al mentir en el resultado de una investigación médica, por ejemplo, el científico no es antiético porque viole tal o cual normativa codificada, sino que deja de ser un científico en sí en el mismo momento en que miente. Es decir, el científico embustero rompe su compromiso con lo que hace y, de paso, quebranta una regla escrita.

Cuando se inventaron las excusas… se empequeñeció la ética profesional

Como se deduce del razonamiento deontológico de Silva Camarena, en la medida en que la actuación ética en el terreno laboral es un compromiso del ser consigo mismo, no existe excusa alguna que justifique el comportamiento antiético. El comportamiento antiético, entonces, es una negación del ser que es impermisible a nivel individual aunque se regule en términos sociales. De ahí que el ensayista propone que “al fallar a la ética profesional, dejamos de ser lo que éramos, somos menos”. A esa máxima, el autor le añade que “la responsabilidad es la imposibilidad de recurrir a un pretexto, por bueno que pudiera ser,  para justificar el hecho de que no hicimos lo que vital y profesionalmente teníamos que hacer”. Por ello, en términos filosóficos, un médico que opera a un paciente bajo los efectos del cansancio agudo –o sustancias controladas– y comete un error, o un abogado que se presenta en corte para defender a un cliente sin estar preparado porque pasó la noche anterior celebrando su aniversario de bodas y se equivoca al plantear una defensa, no tiene excusa alguna que justifique su falla profesional. Ha dejado de ser quien es y ninguna excusa puede restablecer su condición “esencial” de ser ético.

¿Tener una profesión o ser profesional?

Por último, el ensayista se enfrasca en una disquisición sobre la diferencia entre ser un profesional y tener una profesión. Para él, tener una profesión está relacionado con la posesión de habilidades y conocimientos (agenciarse grados y diplomas), mientras que ser un profesional es más bien una responsabilidad. El profesional, para Silva Camarena, es aquél que, más allá de conocimientos y habilidades, tiene un compromiso con lo que hace y con la manera en que lo hace. Además, según su tesis, “ser profesional en la realización de un trabajo significa que uno es capaz de mantener un compromiso más firme y fuerte con lo que hace, con la manera en que lo hace, que con cualquier otra cosa (relacionada con nuestra propia subjetividad o con la de alguien más)”, dice el estudioso.

Una de las conclusiones más controvertibles de este análisis está enclavada entre esas dos fronteras: podría decirse que tener una profesión y enfocarse únicamente en el requerimiento pragmático de ser eficaz para ganar dinero es antiético y que, por el contrario, ser un profesional preocupado por ser eficaz –independientemente de las remuneraciones y el dinero– es lo que lo hace ético.

Por: Manuel Clavell Carrasquillo

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